sábado, 19 de septiembre de 2015

ENSAYO JOHANN ELERT BODE

Johann Elert Bode, astrónomo alemán, nacido en Hamburgo el 19 de enero de 1747 y falleció en Berlín el 23 de noviembre de 1826.
Descubridor de numerosos racimos de estrellas, nebulosas y otros objetos celestes, está considerado como uno de los padres de la Astronomía moderna. Divulgó la ley de progresión doble de los radios de las órbitas planetarias, que se conoce con el nombre de Ley de Titius-Bode.
El joven Bode, exponía y explicaba con claridad una ley que permitía hallar, de forma aproximada, las distancias existentes entre el Sol y cada uno de los planetas. Bode no fue el descubridor de esta ley, puesto que había sido hallada dos años antes (es decir, en 1766) por su compatriota Johann Daniel Titius (1729 – 1796).
Para comenzar a hablar de la ley de Titius Bode, está en realidad es más bien una regla empírica cuya aplicación permite obtener, de un modo aproximado, las distancias que separan del Sol a cada uno de los planetas. Titius fijó, como punto de partida, una serie de números en la que cada cifra, a partir de la tercera, es el resultado de la duplicación de la anterior: 0, 3, 6, 12, 24, 48, 96, 192… El siguiente paso consistió en sumar 4 a cada uno de los numero de esta serie, y proceder a continuación a dividirlos entre 10. Por ejemplo, la primera cifra se convierte en 0.4, al hacer la operación: 0+4= 4; 4/10= 0.4. La serie, se transforma en 0.4, 0.7, 1, 1.6, 2.8, 5.2, 10, 10.6… Formula: n+4 = ____ u.a.                                                                                           10

El siguiente paso es tomar la distancia de la Tierra al Sol (unos 150 millones de kilómetros, en unidades astronómicas) y asignarle el valor 1 (que se corresponde con la tercera cifra de la segunda serie). Así, el resto de los planetas conocidos en la época de Titius y Bode adoptan, en función de su mayor o menor proximidad al Sol, el valor que le corresponde en esta segunda serie, con lo que se obtiene la siguiente tabla de distancias:
Mercurio: 0.4 (según la regla de Bode-Titius); 0.39 (distancia real al Sol).
Venus: 0.7 (regla de Bode-Titius); 0.72 (distancia real al Sol).
Marte: 1.6 (regla de Bode-Titius); 1.52 (distancia real al Sol).
(¿?): 2.8 (regla de Bode-Titius);
Júpiter: 5.2 (regla de Bode-Titius); 5.20 (distancia real al Sol).
Saturno: 10.0 (regla de Bode-Titius); 9.54 (distancia real al Sol).

No es de extrañar que Bode se mostrara interesado por el descubrimiento de Urano, comunicado por Herschel en 1781, ya que pronto se calculó que se hallaba a 19.18 unidades astronómicas del Sol, valor muy cercano al establecido en el puesto que le tocaba ocupar dentro de la tabla resultante de la aplicación de la Regla de Titius-Bode (19.6). De ahí que numerosos astrónomos de finales del siglo XVIII y buena parte del XIX se aplicasen a la ardua tarea de localizar el planeta incógnito que estaba supuestamente ubicado entre Marte y Júpiter, a una distancia aproximada de 2.8, según el valor asignado por la regla a esa ubicación.
Con el paso del tiempo, la Regla de Bode-Titius no ha dejado de deparar sorpresas similares a la protagonizada por el hallazgo de Ceres, unas de signo positivo y otras decepcionantes.
El astrónomo y matemático francés Urbain Le Verrer (1811-1877),  predijo que estas irregularidades obedecían a la existencia de un octavo planeta, aún más alejado del Sol, que a tenor de lo establecido por la Ley de Bode debería de hallarse a unas 38.8 unidades astronómicas. Pero, cuando en 1846 el alemán Johann Gottfried detectó realmente este nuevo planeta -pronto bautizado con el nombre de Neptuno-, se pudo comprobar que la Regla de Bode-Titius volvía a fallar (como el caso de supuesto planeta previsto entre Marte y Júpiter), los cálculos más fiables le situaban realmente a 30.5 u.a. de distancia al Sol (es decir, más cerca de lo establecido por la regla).

A raíz de este fallo en la Ley de Bode puesto de manifiesto por la aparición de Neptuno, la comunidad astronómica internacional determinó que la regla formulada por Titius y divulgada por el astrónomo de Hamburgo era válida en lo referente a los planetas conocidos en su tiempo, pero que perdía todo su valor al aplicarse más allá de la órbita de Urano. Sin embargo, para sorpresa de todos en 1930 el norteamericano Clyde Tombaugh (1906-1977) anunció un hallazgo transcendental, el descubrimiento del noveno planeta del Sistema Solar, Plutón, cuya lejanía del Sol, medida en unidades astronómicas (39.52) se aproximaba mucho a la cifra de 38.8 que asignan los cálculos de Titius y Bode a un hipotético objeto planetario situado en ese lugar.




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